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EL DEPORTE COMPETITIVO

6 ago
2 min de lectura

Actualizado: hace 8 minutos


El deporte puede ser mucho más que una actividad física: puede convertirse en un espacio privilegiado para que los niños aprendan sobre sí mismos, sobre los demás y sobre la vida.


Detrás de cada logro deportivo existe algo que no siempre se ve desde afuera: la disciplina.


La disciplina no significa imponerle al niño una exigencia desmedida ni convertir el deporte en una obligación. Significa ayudarlo a comprender que los objetivos que deseamos alcanzar requieren esfuerzo, constancia y compromiso. Aprender esto desde temprana edad se convierte en una herramienta invaluable para la vida adulta.


Entrenar aun cuando no se tienen ganas, repetir un ejercicio una y otra vez hasta dominarlo, aceptar correcciones, ser puntual, cuidar el cuerpo, escuchar al entrenador y asumir responsabilidades son aprendizajes que van más allá de una cancha.


Cuando se compite, se establecen metas; alcanzarlas permite experimentar una profunda satisfacción y sentido de logro.


Sin embargo, a veces, con la intención de proteger al niño de la presión competitiva, muchos padres terminan transmitiendo el mensaje de que desear ganar está mal, de que «de todos modos todos son campeones» o que «lo único importante es participar».


Querer ganar y aspirar a ser el mejor no tiene nada de malo; de hecho, el deseo de ganar puede ser una fuente poderosa de motivación. Puede llevar al niño a esforzarse, a entrenar con ganas, a superar obstáculos y a descubrir de todo lo que es capaz.

Podemos enseñar a un niño a decir:


«Quiero ganar y me voy a esforzar para lograrlo. Pero si no gano, eso no significa que mi esfuerzo haya sido en vano».


Debemos enseñarles a reconocer el resultado de su propia disciplina, pero también a respetar a quien pierde: a celebrar sin humillar, a reconocer el esfuerzo del rival y a disfrutar del éxito con gratitud.


No se trata solo de participar. Sí, participar importa. Pero también importa esforzarse. Importa querer mejorar. Importa tener metas. Importa competir. Importa experimentar la emoción de ganar. Importa levantarse y volver a intentarlo después de una derrota. Importa querer ser la mejor versión de uno mismo.


Importa descubrir que a veces el esfuerzo produce el resultado que esperamos y a veces no; pero de lo que sí podemos estar seguros es de que las herramientas que el niño desarrolla en el camino lo acompañarán toda la vida:


  • La disciplina para alcanzar sus metas.

  • La inteligencia emocional para autorregularse.

  • La tolerancia a la frustración para sobreponerse de una derrota.

  • La perseverancia para volver a intentarlo.

  • La confianza para descubrir que es capaz de enfrentar retos cada vez mayores.


En última instancia, podemos enseñarle algo verdaderamente valioso: a competir con respeto y a esforzarse con disciplina.

 


 
 
 

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